8 consejos para evitar las compras compulsivas

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Todos solemos sentir placer al realizar ciertas compras, pero hacerlo de manera compulsiva denota no sólo cierta irresponsabilidad, sino a veces también un comportamiento emocional algo anómalo ante el que hay que estar alerta.

Para prevenir esta conducta, lo primero que los expertos recomiendan es identificar si se tiene este problema, y si se siente satisfacción y alivio tras haber comprado o, por el contrario, sentimientos de culpa, vacío y arrepentimiento.

Algunas pautas para no ser esclavo del derroche

– Recuerda que el trastorno de las compras compulsivas puede  confundirse o ir acompañado de otros problemas como la depresión, anorexia, bulimia, cleptomanía…

– Busca ayuda profesional para identificar las razones que hay detrás de la adicción de las compras y aprende a controlar las situaciones de ansiedad y los pensamientos obsesivos.

– Aunque se esté en tratamiento, hay que evitar ir a establecimientos comerciales o tratar de ir no sólo a esos lugares.

– Establece límites de gasto y lleva un control exhaustivo de lo que gastas cada mes para reconocer las situaciones de descontrol.

– No lleves tarjetas de crédito o débito, ni billetes de alta denominación para evitar la tentación de gastarlos.

– Evita las compras online y no accedas a páginas de comercio electrónico que fomentan la conducta compulsiva.

– No aceptes líneas de créditos personales ni de fidelización de clientes para que no te remitan ofertas de publicidad de productos  que incitan a la compra.

– Aprende y practica técnicas de relajación y respiración para aumentar la sensación de control sobre ti mismo.

Los trucos de los supermercados para que compremos más

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Desde que aparecieron hacia los años 1950, los supermercados se han extendido por aquí y por allá, desarrollando estrategias -a veces muy sutiles– para incitarnos a gastar siempre más.

Estos son algunos de sus trucos:

  • El emplazamiento de cada departamento en el conjunto de la tienda es vital para una gran superficie. Está pensado para que los artículos no sean fáciles de encontrar; es decir, para obligar al consumidor a pasar por diversas zonas antes de localizar lo que busca. Ello implica ver muchas referencias y ser tentado por productos que no se tenían en la lista de la compra.
  • Los productos de primera necesidad (pastas, arroz, azúcar, harina, etc.) están situados al fondo de la tienda, mientras que las verduras y las frutas están a la entrada para dar una imagen positiva.
  • Cada sección está organizada para poner delante los productos más caros, a la altura de la mirada, junto a los productos propios de la marca. Los productos más baratos suelen estar en la parte baja de las estanterías.
  • Para que el cliente vea todavía más productos, los grandes pasillos suelen contar con expositores -generalmente con ofertas – que ralentizan el tráfico e incitan a la compra.
  • Los supermercados también cambian cada cierto tiempo la disposición de los productos para evitar que los clientes vayan a comprar “a tiro hecho”.
  • En la zona de cajas, donde se pasa tiempo de espera, se suelen incorporar chocolates, caramelos, chicles… para que sean adquiridos en el último momento.
  • Los supermercados tampoco tienen ni reloj ni ventanas para encerrar al consumidor en una especie de burbuja donde pierda la noción del tiempo.
  • Los packs de productos. Comprar dos o tres productos si sólo se necesita uno, aunque salgan en total más baratos, supone acabar gastando más.
  • Las ofertas temporales presionan al consumidor para que compre un poco al tuntún.
  • Los cupones-descuento nos culpabilizan en cierta manera si no los utilizamos.
  • La tarjeta de fidelidad con sus descuentos también incita a gastar más en el mismo establecimiento.
  • ¡Hasta el carrito de la compra está pensado para poder comprar y comprar y comprar… sin cansarse!

Hola Siri, necesito calcetines

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Comprar yogures o encargar una pizza desde el sofá, sin necesidad siquiera de ordenador, ya es posible gracias a los altavoces conectados que responden a la voz. Es el último ejemplo de las nuevas maneras de hacer la compra mucho más cómodamente gracias a la tecnología.

De hecho, según la consultora Gartner, el mercado de los altavoces conectados representará 3.520 millones de dólares en 2021 frente a los 360 millones actuales.

Por el momento, los consumidores no tienen demasiada confianza en esta tecnología y sus pedidos se limitan a productos baratos y sencillos. Pero, para los expertos, como cada vez estamos menos delante de los ordenadores, la posibilidad de comprar a través de la voz resulta muy seductora.

Los gigantes lo tienen claro

Los distribuidores y gigantes tecnológicos lo tienen claro, empezando por Amazon. El líder de la venta online lanzó Echo en 2014, que permite comprar directamente en Amazon a través del asistente vocal Alexa (que, por cierto, dentro de poco va a ser compatible con el asistente vocal de Microsoft, Cortana).

Como prueba del compromiso de las empresas, Apple se ha lanzado recientemente a los altavoces conectados con su HomePod, controlado por el asistente virtual Siri, mientras que Samsung también prevé lanzar próximamente un modelo.

En Estados Unidos, frente a la feroz competencia de Amazon, el gigante de la distribución Wal-Mart y Google acaban de anunciar una asociación. A través de su Google Home, los clientes podrán pedir y recibir cientos de miles de productos.

Para la mayoría de analistas, el shopping vocal forma ya parte de la estrategia web de las empresas y es una nueva puerta de entrada hacia su ecosistema comercial.

Hay muchas más innovaciones tecnológicas en materia de consumo, como los repartos con drones probados por Amazon o por vehículo autónomo, una iniciativa de Dominos’s Pizza en colaboración con Ford.

Europa se pone exigente con los pagos online

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La industria europea del comercio electrónico quiere que la Comisión revise las medidas de seguridad suplementarias previstas en su proyecto de ley sobre los Pagos Online, temiendo que puedan incomodar demasiado a los compradores.

Y es que la Comisión busca reducir el fraude online pidiendo a los consumidores que utilicen medidas de autentificación de tarjetas, como los lectores para escanear sus huellas digitales u otras verificaciones biométricas para compras de al menos 30 euros.

Riesgos por encima de los 30 euros

Las compras por encima de esa cantidad son consideradas más arriesgadas, por lo que los consumidores deberán pasar por un  proceso suplementario para autentificar cada compra antes de que sea aprobada.

El ejecutivo europeo está finalizando su proyecto de ley y se lo enviará a los eurodiputados de los gobiernos nacionales en las próximas semanas, utilizando un procedimiento acelerado llamado “acta de ejecución”. Los estados miembros podrán aprobar o rechazar el texto hasta tres meses después de su recepción, pero no podrán presentar modificaciones.

Ahora, un año y medio después de la presentación de una serie de nuevas leyes encaminadas a facilitar el comercio electrónico en Europa, algunas negociaciones siguen en marcha. Para la Comisión, los internautas serán más proclives a comprar online si saben que lo podrán hacer con total seguridad; para las tiendas online, por el contrario, esta ley puede tener el efecto inverso.

A favor y en contra

“Cualquier clic suplementario para confirmar una compra puede desanimar al consumidor. Será algo nefasto para los clientes y los comerciantes”, han declarado los grupos de la industria en una carta enviada el pasado 27 de septiembre al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y a otros comisarios, como el vicepresidente Valdis Dombrovskis, que es quien supervisa el proyecto de ley sobre los Servicios de Pago.

Esta carta ha sido firmada, entre otros, por DigitalEurope, un grupo que representa a Google y a otros gigantes tecnológicos, por E-commerce Europe, una asociación que representa a Amazon, y por EDiMA, que representa a diversas plataformas online como Airbnb.

Según un informe de Eurostat de 2016, el 68% de los europeos encuestados no tuvieron problemas al comprar online; sólo un 3% fue víctima de un fraude… porque no recibieron lo que habían pedido o porque utilizaron sus datos bancarios.